domingo, 17 de febrero de 2013

NOS PINTAMOS LA CARA: MUCHO MÁS QUE UN JUEGO


El año pasado, con mis queridos Pollitos del cole Enebral, me ocurrió algo curioso. 
Era Halloween así que cogí mi pintura de caras y me la llevé con ellos al patio para pintarles la cara. Ellos querían hacerlo por sí mismo y me arriesgué a dejarle los colores. Entonces me di cuenta de que los niños más inquietos del grupo de repente se relajaban y se concentraban en la tarea de pintar a sus compañeros o ser pintados.es Por otra parte comenzaron una serie de juegos colaborativos difíciles de ver al inicio del curso de 3 años, sobre todo porque en esos juegos se estaban involucrando los más pequeños que normalmente tienen un juego más motórico. Por otra parte se generó un ambiente de clase muy especial. Independientemente de que los adultos entendiéramos que estaban mejor o peor pintados ellos se sentían verdaderamente transformados y contentos.
Me pregunté entonces ¿A qué se debe esto? ¿Qué es lo que tiene la pintura de cara que "amansa", relaja y los hace tan felices? Así hice una lista de todo lo que habíamos trabajado a través de la pintura de caras:

Observad el cariño que pone Paula (5 años) en pintar la cara de Miguel.

¿Qué estimulamos con esta actividad?


  • Su autonomía: no es el adulto el que elige o el que pinta sino ellos, lo que implica aceptar unas normas en el uso de los materiales y tener cuidado con el compañero/a al que pintamos.
  • La creatividad: dejamos que se sientan libres de expresarse como quieran.
  • Su identidad: podían elegir ser quienes quisieran, cambiar de personalidad con libertad, probar a sentirse otros.
  • El masaje facial: porque al fin y al cabo la pintura de caras es un masaje que se hacen a si mismos o a otro e implica un contacto físico desde el cariño y el cuidado.
  • El trazo: porque aunque no se dibuje sobre un folio se está realizando un trazo e implica el control de la mano y el desarrollo de una idea sobre una superficie.
  • Formas, colores, tamaños...
  • Y por supuesto estamos trabajando la Educación Emocional, porque aprenden a decidir sobre si mismos, a cuidarse, a tratarse, a ser responsables... disfrutan, se ríen, hacen y deshacen y se sienten libres y un poquito más mayores.
  • Así el clima de aula se relaja y dejamos espacio a la risa y el disfrute.

¿Cómo lo hacemos?

Esta actividad es preferible hacerla en un rincón del aula con grupos de como mucho 8 peques. No obstante yo la he hecho con números mayores y sale bien pero implica mucho más "jaleo".
Tan sencillo como tener una caja de colores de pintura de cara y toallitas de bebé por si quieren borrar algo.
Un espejo para mirarse y sillas para poder pintarse unos a otros. Usad pinturas que sean de buena calidad (no por eso más caras) para que no produzcan reacciones alérgicas y por supuesto cuidad si hay algún peque que tenga algún tipo de piel extremadamente delicada. Yo no he tenido ningún problema en las diversas clases que lo he hecho.
Se dejan clara las normas de uso: las pinturas se deben usar de una en una y cuando se termina se dejan en su lugar; que cuiden la ropa suya y la de los compis; que utilicen bien las toallitas... Si alguien no las cumple debe abandonar el juego (a mi nunca se me ha dado este caso).
¡Y les dejamos disfrutar! Nada de boicotear sus iniciativas o decir "Pepito... Spiderman es azul y rojo... no uses el amarillo". Chitón! Ellos tienen que dejar salir su creatividad y eso es lo que cambia la actividad de una tarea de clase a un juego donde puedan ser quienes quieran.

Pero no merece la pena hablar mucho de esto porque las imágenes lo dicen todo. De 3 a 99 años: dejemos volar nuestra imaginación y ser por unos minutos lo que deseemos.











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