viernes, 30 de noviembre de 2012

"LA CESTA VIAJERA": LA EDUCACIÓN DE LA PERCEPCIÓN Y LOS SENTIDOS EN EL AULA DE 3 AÑOS Y UNA MANERA VIVENCIAL DE INTERIORIZAR LOS CONCEPTOS BÁSICOS

El niño y la niña tienen un cuerpo y los sentidos son parte él, una parte fundamental porque son los encargados de recibir la información del entorno. El cerebro recoge esa información y la clasifica: decide qué le interesa y qué no, omite detalles y amplifica otros, discrimina y resuelve qué está percibiendo el cuerpo.
Este sistema es por tanto esencial para el desarrollo de los pequeños porque en la medida en que sean capaces de percibir y discriminar los estímulos de su entorno podrán ir adquiriendo conocimientos a través de sus experiencias.
Este proceso se realiza normalmente de manera casi intuitiva y a través de él los peques van adquiriendo los conceptos básicos sobre tamaños, colores, texturas, situación espacial, temperatura, dureza, formas, etc.
En la escuela solemos abordar estos conceptos a través de fichas que, en muchos casos, no responden a la realidad que los peques están viviendo. Si hacemos una ficha de grande-pequeño sin que haya habido un trabajo previo de reflexión nos quedamos en poner la pegatina o colorear y muchos de los peques no reflexionan sino que sencillamente se fijan en qué hace el compañero y hacen lo mismo.
¡Qué bien huelen las mandarinas!

Tenemos entonces dos aspectos básicos del desarrollo infantil:
  • La Educación de los Sentidos y la Percepción: para aprender a discriminar la realidad.
  • Los Conceptos Básicos: para saber clasificarla y comprenderla.
Ambos aspectos a su vez se interrelacionan y no van uno sin el otro, porque para que al ver un limón yo diga que es amarillo tiene que haberse percibido y tenemos que conocer ese color, conocimiento que como digo es fruto es experiencias anteriores.

Educamos los sentidos tomando conciencia de lo que estamos percibiendo. Por otra parte los sentidos son cinco y TODOS son importantes. En nuestro sistema educativo se da preponderancia a la vista y el sonido,  pero ¿acaso no son importantes los olores, las texturas, los sabores? Cada elemento de nuestra realidad es susceptible de ser percibido por todos nuestros sentidos y en la medida en que los peques toman control sobre esa capacidad van desarrollando una visión más completa y holística del mundo en el que vive.

La Cesta Viajera es uno de esos proyectos globalizadores que permiten, de un plumazo, trabajar la mayor parte de las capacidades (y competencias básicas) del ser humano. Tienen una proyección longitudinal, o sea, se realiza a lo largo de todo el curso y por eso se puede ir conectando con los centros de interés que estemos abordando en cada momento. Permite además la colaboración de la familia y los peques encargados de traerlas se sienten verdaderos protagonistas cuando llegan a clase con la cesta cargada de comida: es una manera de cuidar a sus compañeros y compañeras.

Hace una año aproximadamente expliqué la experiencia (cuyo planteamiento podéis leer en este enlace:

http://aventuradiminuta.blogspot.com.es/2011/10/las-aventuras-de-la-cesta-viajera.html) pero ha sido a medida que lo he llevado a cabo que me he ido dando cuenta de su verdadero potencial.

Básicamente es una cesta que viaja cada semana a una casa y trae un alimento a la clase pero lo que podría ser un mero ejercicio de Educación para la Salud y la Alimentación se convierte, con un planteamiento adecuado, en una amplia oportunidad de aprendizaje.

En el enlace que antes os comenté está el planteamiento en el aula, así que no lo voy a repetir. Voy a comentaros ahora todo el trabajo que realizo a través de eso en la clase. Se realiza casi todas las semanas y tiene este desarrollo:

Preparación de la actividad:


Todo comienza el LUNES (a veces el martes), es el día en que se va la cesta y el que se decide qué alimento va a traer y para ello sopeso qué me interesa trabajar en esa sesión. Por ejemplo, si estamos en otoño y quiero abordar los frutos de esta época pueden traer mandarinas, nueces, castañas, granadas, uvas... Si estoy trabajando el círculo la uva es una buena opción pero también la mandarina. En otras ocasiones estoy trabajando el cuadrado y entonces pido galletas cuadradas y redondas, o puede que chocolate, para ver cómo los cuadrados juntos forman un rectángulo. Otras veces sencillamente es más divertido traer helados en verano o torrijas en Semana Santa. En ocasiones son los mismos niños y niñas los que deciden qué traemos esa semana. De cualquier modo siempre se le saca partido al alimento elegido.
La primera nota de este año:  "Nueces"

Este año Piero está empeñado en traer chirimoyas... es una buena oportunidad para probarlas yo misma.
El año pasado yo hacía una nota que colgaba con un cordón de la cesta y que decía: "La Cesta Viajera traerá este Viernes... nueces" (por ejemplo) y en la parte posterior escribía algunas indicaciones sobre la cantidad, tipo, etc. Este año mi compañera Gloria me sugirió que los niños hicieran notas ellos también y me pareció una buena forma de trabajar la lectoescritura.  De este modo escribo con su participación el nombre en la pizarra y ellos lo copian en una nota (a su manera) y hacen un dibujo. Esas notas van grapadas a la petición que yo hago y son un regalo para la familia que envía la cesta. Es una opción si queremos aprovechar más la actividad.
La cesta se envía con el peque que le toque.

Trabajamos los alimentos de la cesta en la asamblea


El viernes es el día en que suelo hacer esta actividad. En gran grupo recibimos la cesta, preguntamos cosas sobre cómo ha conseguido los alimentos a quién la trajo, hablamos de forma general de qué tipo de alimento es y de dónde procede... y finalmente empezamos el trabajo sensorial:
Andrés reparte las nueces para estudiarlas.
Se reparte una unidad (si lo permite el alimento) a cada peque y empezamos a examinarlo sentido a sentido:

LA VISTA: observamos el color,  si es único o cambia, los tonos, si brilla o es mate, si hay transparencias,   su forma, detalles de la superficie, tamaño... 
EL TACTO: liso o rugoso, frío, caliente o templado, tacto fino o áspero, irregularidades en la superficie, tamaño relativo con las manos, duro o blando, seco y húmedo...
EL OÍDO: lo agitamos para ver si hace ruiditos (descubrimos que la mandarina no hace ruidos pero la nuez sí), le damos golpes con la mano, con otro alimento igual, con los dientes, con la mesa... y atendemos a las diferencias de sonidos que salen. Hoy, arañando con las uñas la nuez, Miguel dijo que parecía un grillo.

¡Qué divertido es oler las nueces! ¡Mariela atrapó un trozo
en su nariz!
EL OLFATO: Olemos la superficie por diferentes partes y pensamos en lo que nos sugiere. Algunos alimentos no huelen apenas y otros necesitan que se les rasque un poco la superficie, como es el caso de la mandarina. Dalia decía que el olor de la mandarina era como el de la primavera.

"¿Qué forma tiene la tableta de chocolate?"

Abrimos los alimentos, o los partimos por la mitad, o los pelamos... según el caso y ahora hacemos una análisis ràpido de todos los sentidos ahora que está abierto: colores, formas, olores, tacto, humedad... En la medida que los peques van dominando esta actividad podemos ir alargando esta parte pero al principio yo solo abro una cosa, por ejemplo, una nuez, y la vemos entre todos, porque es complejo abrir 28 nueces (¡Conozco mis limitaciones!), pero otros alimentos si permiten una manipulación fácil.

EL GUSTO: ahora ya estamos preparados para probar el alimento y así lo hacemos y ¡Ummmm! Todo está mucho más rico cuando le has dedicado tanto tiempo a observarlo. Definimos el sabor: dulce, amargo, salado, ácido... si está húmedo, si cruje, y finalmente si nos gusta o no.

La hora de representar lo que expresamos

A continuación realizamos una actividad en la mesa sobre el alimentos que hemos comido. Al principio son sencillas y hay varias tareas básicas: repasar el nombre del alimento, colorear según lo que hemos visto y expresar si nos gustó o no. Allí mismo volvemos a repetir muchas de las observaciones: olemos, miramos, manipulamos... hay que dejar a la mano al menos una muestra del alimento para que puedan hacer los trabajos "con los sentidos".


A medida que va pasando el curso las tareas son más complejas: escribimos o compiamos el nombre, dibujamos o realizamos trabajos de texturas y colores según la superficie, escribimos nuestra opinión...
Fresas: base de pintura, pepitas y hojas de plastilina.
Untamos con cola para que brille.

Elegimos el sabor de helado favorito y lo representamos pintando con plastilina.
El cucurucho es de cartulina marrón.
Pintamos los huevos cocidos.
Pintamos huevos de Pascua y nos los comemos en el patio,
haciendo una merienda campestre.

También se pueden hacer murales, cantar canciones, bailes y expresar de diversas formas lo que hemos sentidos. En ese sentido espero pronto ir investigando y ya os comentaré.
Finalmente con la recopilación de todos los trabajos del curso hacemos un libro que recoge nuestras observaciones con los alimentos de la cesta viajera. Aquí os dejo las fichas, por si os interesa esta manera de aprovechar el proyecto.

CONCLUSIONES:


Los sentidos son susceptibles de ser educados. En realidad de lo que se trata es de hacer "perceptible" para los niños y niñas todos esos detalles que están en su entorno, abrir su cuerpo al mundo que les rodea y enseñarles a mirarlo de manera más curiosa e investigadora. Educamos así su cuerpo y su mente y generamos las bases para el despertar de su inteligencia más abstracta.
Hay miles de formas de hacerlo, dentro y fuera de la clase: oír música, escuchar la lluvia, caminar por la hierba, acariciarla y olerla, hacer masajitos, ... cada instante es susceptible de ser aprovechado para educar los sentidos pero para ello lo más importante es que nosotras, como maestritas, tengamos los nuestros bien despiertos, porque no podemos pretender enseñar lo que no percibimos, igual que un sordo difícilmente puede explicar unos acordes.

Después del trabajo disfrutamos de nuestra mandarina plenamente...
pelarlas en una manera de trabajar la motricidad fina y además
seguro que después están aún más ricas.
De haber seguido con mi clase de los Pollitos en el curso de 4 años iba a introducir el taller de cocina y la investigación de los alimentos (su origen, transformación, etc.). Espero que, cuando me sea posible pueda seguir investigando en las posibilidades de esta experiencia pero en cualquier caso os puedo asegurar que este proyecto longitudinal merece la pena.

¡A por el último trozo de piña!

Galletas cuadradas y redondas: discriminamos las forma dibujadas y colocamos
cada una en su lugar... y coincidió el tamaño de pura casualidad!


Como siempre... el chocolate triunfa.

Manuel dibuja las onzas de chocolate... como se le ocurren.


1 comentario:

  1. Que actividad más chula, me ha encantado.

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